8.000 PEREGRINOS EN EL ALBERGUE DE GÜEMES.

 

Llegó el peregrino 8.000 al albergue “La Cabaña del Abuelo Peuto” en Güemes. Su nombre Rozanne Pilbeam de Australia.Volteo de campanas y cohetes para recibir al asombrado peregrino que no entiende semejante alborozo ante su presencia. Y  es que el acontecimiento no está al margen de la vida diaria del pueblo. Hasta hace bien poco Güemes, debido a su ubicación, era un pueblo no demasiado visitado por el turismo ni transitado por muchos más vehículos que el de los vecinos del pueblo. Con el goteo constante de la llegada de los peregrinos hace quince años, la localidad inició una nueva etapa de variopintos visitantes cargados con sus mochilas que llegan desde los confines de la tierra. Podemos citar, por ejemplo, Nepal, Mongolia, Nueva Zelanda, Corea, Sudáfrica o Hawai. Esto ha generado inevitablemente un transvase de información, cultura y también de actividad económica y laboral. En los últimos años el aumento de peregrinos ha sido significativo, lo que da una idea clara de la importancia que está tomando el Camino del Norte.

 

El albergue de Güemes es un referente en el camino, por esa razón está valorado por los peregrinos como el albergue más importante de todo el Camino del Norte. No solamente por sus buenas instalaciones, su espacio ajardinado para poder pasear o la significativa ermita ecuménica que reúne diariamente a los peregrinos ávidos de escuchar el mensaje escrito en sus paredes en forma de singulares pinturas realizadas por el maestro Cerezo Barredo, sacerdote claretiano denominado en Latinoamérica como “el pintor de la liberación” al tiempo que captan la profundidad de los versos pensados para cada pintura del obispo Pedro Casaldáliga, defensor hasta la actualidad de los indígenas del Mato Groso en Brasil.

 

El peregrino intuye de inmediato el espíritu del albergue sintiendo que de alguna manera ese lugar le pertenece, y en realidad no se equivocan, porque en sus estatutos figura una cláusula especificando que, moralmente, este lugar es propiedad de toda aquella persona que se esfuerza por mejorar el mundo, por el ser humano, por la naturaleza, por la justicia social…Si echamos un vistazo al libro en el que cualquier visitante puede plasmar su opinión o las emociones vividas, nos percatamos inmediatamente del compromiso de estos voluntarios que nos reciben con la sonrisa en la boca y un vaso de agua fresca, que para el fatigado caminante es mucho más que un gesto de cortesía. Los voluntarios acuden desde diferentes países para colaborar durante unos días, atraídos por la filosofía y el fuerte mensaje social que arropa el proyecto. Los nacionales son principalmente del pueblo, aunque también llegan de diferentes comunidades autónomas. Es curioso destacar que aquí conviven jóvenes con mayores, gentes con profesiones dispares y con diferentes ideologías políticas. No es extraño ver fregar platos a una médico o limpiar los servicios un informático. Porque lo que cuenta es lo que hagas, no quien seas.

 

Enseguida compruebo que no solamente se trata de un albergue de peregrinos, aquí se realizan proyectos importantes de solidaridad con el Tercer Mundo. Sacerdotes y religiosas de estos países pueden atender a la alimentación y educación de muchas personas gracias a las iniciativas generadas desde la llamada “Cabaña del Abuelo Peuto” (en referencia a Perfecto, abuelo de Ernesto). Los jóvenes pueden disfrutar de campamentos de verano y la posibilidad de participar en la atractiva vida que acoge las instalaciones. Otro colectivo son las personas en riesgo de exclusión social con las que se realizan actividades a lo largo del año.

 

La casa es más bien un pequeño poblado dentro de una hermosa finca, en donde abundan los árboles, las flores y algo muy valorado también en nuestros tiempos…la ausencia de ruidos de motores. En definitiva, el trabajo, el equilibrio, la paz y el silencio es algo que dirige personalmente el responsable del albergue, el sacerdote diocesano Ernesto Bustio Crespo que junto a los voluntarios forman un equipo compacto, permitiéndonos soñar con la posibilidad de que otro mundo es posible.

 

Otra de las singularidades de este lugar es que no recibe ningún tipo de subvención económica por parte de la administración o de la iglesia. Se financia gracias a la colaboración de los peregrinos y de todas aquellas personas que utilizan el albergue. Ellos valoran los gastos que hayan podido generar en la casa. Libremente y de forma anónima depositan el dinero que consideran oportuno en una caja de manera elaborada para tal fin.

 

Después de una dura jornada de camino el peregrino se encuentra sorpresivamente con este lugar en donde se asea, come y duerme con placidez, mientras descubre una pequeña sociedad organizada, con un mensaje de solidaridad para compartir. Al siguiente día, cuando carga de nuevo su mochila en la espalda para continuar el camino y vuelve la mirada descubre que no ha estado en un albergue del Camino de Santiago, ha vivido en un albergue del camino…de la vida.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *